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ÁREA PRECARIA

TEMA 7

¿Quien dijo que evaluar es fácil?

Como dice la metáfora, la evaluación es como encontrar el tesoro. Si fuese tan fácil evaluar no habría tantos problemas. Bueno, para muchos es fácil evaluar, el problema viene para los que pensamos que la evaluación es más que una nota que se obtiene en un examen, para los otros, pues eso, llegan al tesoro rápido.

 

Cuando hablamos de evaluación, lo que ha sido la tendencia en el mundo educativo hasta no hace mucho es pensar en el alumno única y exclusivamente. Estaba claro si no ha aprobado es porque no ha estudiado. Pero, ¿esos profesores se evalúan a sí mismos? ¡¡¡Ah!!! Que se me olvidaba, que ellos evalúan pero no se auto evalúan, ¿para qué? No vaya a ser que se den cuenta de que si cambian algo los alumnos aprendamos algo.

 

¿Y el centro educativo? ¿Y el aula? ¿Y el TODO? Que siempre nos olvidamos que la educación no son sólo profesores y alumnos. Porque digo yo, que si un alumno puede mejorar y profesor también, el proceso de enseñanza-aprendizaje, el centro escolar, el entrono, la ley educativa… también podrán hacerlo, ¿no? Lo que pasa que eso ya a lo mejor es mucho pedir, pero gracias a Dios, cada día es menos pedir.

 

También la evaluación es como el barco. No sólo hay que evaluar una vez. Estamos acostumbrados, a la evaluación final del examen. Pero, ¿qué pasa con lo anterior? Estoy cansado de oír, que los exámenes producen estrés, que los alumnos se ponen nerviosos y no dan todo lo que pueden, etc. Pues para eso alguien inventó la evaluación formativa. Es decir, todas las “tormentas” que sufrimos los pasajeros de este gran buque que es la Educación, es decir la comunidad educativa. Y no nos podemos olvidar que no se puede evaluar igualmente a un buque que sólo ha recorrido 500 millas que al que ha recorrido 1.000 millas. Y no sólo hay que tener en cuenta esa distancia, sino ver el puerto desde donde partió.

 

Lo que quiero decir, con la última idea del párrafo anterior, es que como dice la metáfora de la receta, al igual que no todos los niños son iguales, la evaluación no debe ser igual, hay que ser flexibles y saber cuando hay que poner un poquito de sal y cuando hay que poner un chorrito de vino blanco.

 

Claro, todo este proceso es complicado, pero por eso, como he dicho al principio, hay algunos que lo entendemos así, que nos gusta que sea así, y que lo queremos hacer así, y hay otros que les gusta que sea más sencillo y con eso, han concluido y como les van a pagar a fin de mes, pues… ¿qué más da?

 

En fin, como dice Mafalda, enseñémosle cosas útiles que quepan en esa cabecita, y usemos la nuestra para hacerlo con rigor, criterio y conciencia y sino lo hacemos así, hagámosles un examen.

 

Juanma

Tema 7: La evaluación con Mafalda

Tema 7: Evaluación y Mafalda

 

La tira de viñetas que he seleccionado ha sido la primera, que es en la que me resulta más evidente la aparición del tema a tratar.

 

Todos conocemos a Mafalda y cómo Cortazar nos da una visión crítica sobre nuestro mundo a través de los ojos de este personaje.

 

En este caso, Mafalda se encuentra en la escuela donde le están enseñando lectoescritura empleando el famoso “mi mamá me mima” y ella felicita irónicamente a su maestra y le pide que le enseñe cosas importantes.

 

Quizás este caso sea demasiado exagerado, pero es obvio que muchas veces en la escuela nos enseñan algunos temas que carecen de importancia pero que por algún motivo siguen en el currículo y en la Escuela.

 

Estas viñetas están relacionadas con la autoevaluación y la evaluación previa. Según mi punto de vista si la profesora que aparece en ellas se autoevaluase caería en la cuenta de que debería cambiar su metodología o adaptar sus contenidos a la clase que tiene ya que quizás estos carezca de interés para sus alumnos o no los esté enfocando bien.

 

Por otro lado, si hubiera realizado una evaluación previa sabría que sus pupilos ya conocen el tema, ya que han tenido que ser ellos los que le piden que les explique algo más importante.

 

Esta es la relación que veo más posible con el tema a tratar, aunque opino que este texto está mas vinculado a los contenidos que trata el curriculo.

                                                       Carlos Guerra Gómez

LA EVALUACIÓN

Con la reforma educativa se ha acabado con el concepto de examinar para hablar de evaluación. Sin embargo se trata de un matiz dialéctico puesto que las prácticas actuales no han cambiando.

A pesar de su gran diferenciación, seguimos utilizando la palabra evaluar y calificar indistintamente. Sin embargo, aunque le cambiemos el nombre, incluso el sentido y la finalidad, la lógica política nos lleva a las mismas incoherencias de siempre. Véanse algunos ejemplos:

ü  Se acabaron las reválidas para imponer la selectividad.

ü  Se acabaron los objetivos puramente conceptuales para evaluar procedimientos y actitudes; pero se siguen potenciando las actividades de lápiz y papel del libro de texto- para luego acabar haciendo el mismo examen con preguntas casualmente que propone el “Libro del profesor”.

ü  Cambiamos el libro de texto aburrido lleno de palabras por otro lleno de fotografías y fichas que esconden los mismos contenidos, los mismos valores y las mismas actividades – aunque tengamos que colorear- que nos llevan a adquirir materiales más costosos.  

Es lo que Alvarez Méndez denomina Palabras nuevas, funciones viejas; caras nuevas, destinos viejos”. 

Y es que no se puede hablar de cambio en la evaluación y en educación cuando la metodología de enseñanza no se modifica; cuando el currículum sigue siendo el mismo, y cuando el alumno sigue siendo quien tiene que adaptarse a lo que le dicta la escuela, y no es la escuela la que ha de adaptarse para satisfacer las necesidades del alumno: Diversos en la calle, uniformes en la escuela.

A eso en todo caso, podemos llamarle reforma por el simple hecho de que solo cambian las leyes. La escuela no cambiará hasta que no refleje en su currículo la necesidad de trabajar y evaluar respecto las actitudes, las formas de sentir, pensar y vivir del alumno, y deje a un lado su contenido conservador “inamovible” y monótono que genera un pensamiento único.

Un pensamiento que ya está desfasado. Para comenzar a caminar para cambiar, debemos concretar que se entiende por evaluación.  

Evaluación educativa: Eje sobre el que gira un entramado plural de valores, de intereses, de expectativas, de presiones, de poderes, de competencias, de preocupaciones pedagógicas… que mantiene un discurso que en la práctica es engañoso. (Alvarez Méndez) Estas prácticas evaluativas no se llevan a cabo por la dificultad del profesor de evaluar; no dan signos de objetividad y para lavarse las manos, acaban recurriendo al típico examen como herramienta casi exclusiva de obtener la calificación.

De aquí el esfuerzo del alumno se reduce al “empolle” del día de antes. Se cuantifica el saber (como si fuese una mercancía de cambio) y la uniformidad de conocimientos y pensamiento,- a pesar de que sabemos que nuestras aulas están caracterizadas por una enorme diversidad-. De esta forma, estamos favoreciendo inicialmente a un grupo de alumnado para los que es más significativo y familiar lo que se expone en el libro de texto. Casualmente estos alumnos siempre son los que tienen un nivel socioeconómico más alto.Por lo tanto, el carácter de igualdad que se pretende con las pruebas objetivas ya se ha perdido desde el inicio del  proceso de enseñanza-aprendizaje, y terminando por la realización de dichas pruebas para calificar la adaptación del alumno al sistema. La evaluación formativa es escasa o casi nula.

 Álvarez Méndez lo expresa así: “¿no aprenden los profesores de un curso a otro, de un año a otro? Y es que para ellos es impensable que gran parte de la falta de motivación y de interés de los alumnos tenga sus raíces en la metodología usada en el aula y en las actividades repetitivas”.

Lanza otra cuestión de vital importancia para el tema tratado: “¿No aprenden los alumnos por experiencia de años que lo importante, mientras no se cambie la relación de valores, es pasar prueba a prueba, examen a examen?”.

Por lo tanto es evidente que si las actitudes, los procedimientos y los valores son difícilmente cuantificables en una prueba escrita y que llaman objetiva, lo que se evalúan son los conocimientos puramente conceptuales que adquiere el alumno, el cual perderá el interés por el resto de cuestiones al no considerarlas valiosas y, lo que es peor, perderá el interés por aprender. 

Enseñar no puede ser un puro proceso de transferencia de conocimiento del enseñante al aprendiz. Transferencia mecánica de la que resulte una memorización maquinal. Al estudio crítico corresponde una enseñanza igualmente crítica que exige necesariamente una forma crítica de comprender y de realizar una lectura de la palabra y una lectura del mundo, lectura del texto y lectura del contexto”.                                                                                                                                                             Freire (1994)       

En la escuela actual, se parte de un enfoque curricular positivista que se preocupa más por la corrección de un examen “justo”, exigiendo a todos la reproducción fiel de una misma respuesta, unos argumentos cerrados que encierran un pensamiento único, no desarrollando la capacidad crítica en el alumno, así como la transmisión de unos valores “universales”. Esta visión de la evaluación como calificación nos obliga a buscar la respuesta del libro de texto. Esta situación no nos lleva más que a una reproducción social dentro de la escuela, al agrupamiento homogéneo de alumnado, a un currículum prefabricado de herencia, a conceder títulos de acuerdo a una jerarquía conceptual sobre lo “correcto” socialmente. 

De esta forma se ignora la singularidad del individuo al que no conocemos, no queremos conocer o al que conocemos pero ignoramos. Se evalúa según la adaptación del sujeto.  Pero en lo que no cae el docente es en la arbitrariedad de esa selección de preguntas para sus pruebas objetivas, la validez de sus correcciones y sobretodo la selección de contenidos por parte de las editoriales y del estado. E

n este caso, podemos concluir que el profesor intenta satisfacer la demanda del estado y del mercado, dejando en un segundo plano al alumno. Este aspecto está recogido por los alumnos de la Escuela de Milani en su “Carta a una maestra” (p.26-27) mediante la siguiente afirmación:
“En los exámenes orales tuvimos una sorpresa. Vuestros chicos parecían pozos de cultura francesa (...) Más tarde, supimos que solamente habían hecho aquello en todo el año. Después tenían en el PROGRAMA algunos párrafos y los sabían leer y traducir.
Ante un inspector, hubieran hecho mejor el papel ellos que nosotros. El inspector no se sale del programa. Sin embargo, tanto vosotros como él sabéis de sobra que con aquel francés no se va a ninguna parte. ¿Para quién trabajáis entonces? Vosotros para el Inspector. El Inspector para el Delegado. Y el Delegado para el Ministro.
Es el aspecto más desconcertante de vuestra escuela: se tiene por fin a sí misma”
  

Como ya se ha insinuado, detrás de todas estas definiciones se ocultan racionalidades típicas de mercado que desembocan en una evaluación neutra, homologada y uniformante. A pesar de que la evaluación surge como detector de diferencias para garantizar los cambios a la igualdad, se utiliza esta detección para la discriminación de los menos capaces y que el mercado seleccione a los más capaces como trabajadores; es decir, no se sale de la mentalidad credencialista de la sociedad. 

De esta forma lo refleja Darling-Hammond (1994): “Las formas de evaluar difícilmente puedan llegar a la igualdad a no ser que cambiemos las formas en las que se usan las evaluaciones: de mecanismos de selección a ayudas de diagnóstico; de referentes externos de rendimiento a recursos generados localmente para indagar profundamente en la enseñanza y en el aprendizaje; y de indicadores de sanciones para los que apenas alcanzan los niveles para equilibrar los recursos y aumentar las oportunidades de aprendizaje”. 

TODOS SOMOS IGUALES 

"Para tratar la diversidad de una forma justa, hay que descubrirla, conocerla, identificarla y conocer las diferencias intentando paliar las situaciones de desigualdad e injusticia que afectan a los derechos humanos de las personas.” 

El reto de las aulas de hoy en la enseñanza obligatoria es encontrar el equilibrio entre dos dimensiones: igualdad y diversidad. Y es todo un reto teniendo en cuenta la excesiva competitividad y la individualidad de una sociedad postmodernista. Se ha de trabajar desde la escuela las actitudes solidarias y democráticas.  La evaluación que se lleva a cabo en la escuela actual puede reafirmar las diferencias.

Esta frase repetida hasta la saciedad en una sociedad políticamente correcta es utilizada en todo tipo de actividades que trabajan las diferentes culturas en un centro. Sin embargo no van más allá de su significado y tras la actividad se vuelve a las tareas y la evaluación de siempre: la selectiva. Esta forma de calificar/clasificar al grupo de alumnos es defendida con la búsqueda de objetividad cuando es imposible encontrarla en un mundo cargado de diversidad.

La justicia y la equidad se acaban cuando se despersonaliza al alumnado tratándoles a todos por igual social, cultural y personalmente.  Una evaluación justa y equitativa tiene en cuenta las singularidades de cada individuo, acabando con la idea de moldearle de acuerdo a la cultura dominante, y sin dejar que esta frase sea una herramienta relativista que enmascare un etnocentrismo cultural y segregador dentro del aula. La reflexión nos llevará a añadir a “Todos somos iguales” el “Todos somos diferentes”. Pues que se nos trate y evalúe como tal.  

DE LA EVALUACIÓN SE DEBE APRENDER, DE LA CALIFICACIÓN, CONSTATAR  

“La tarea de mantener vive en la memoria colectiva la lucha por la igualdad y por los derechos de las personas en todas las instituciones de nuestra sociedad, es una de las tareas más significativas que los educadores pueden realizar”.                                                                                                                                                              Apple (1997) 

Dos premisas:   

1.       Trabajar sobre aquello que no salió como se esperaba.

2.       Que unos alumnos superen la prueba, justifica que hay otros que no la superan. 

Pero el profesor ha conseguido dar todo el programa, ha seguido el ritmo y el calendario de la programación: Ha cumplido con su deber.  Si este es el principal objetivo del docente, entra la escuela misma en una contradicción en su organización. Los alumnos que no aprenden los contenidos necesarios son excusados muchas veces por el retraso que arrastran de años anteriores; ¿no han superado las pruebas, controles, exámenes y evaluaciones formativas que son tan competentes para valorar la capacidad del alumno? La necesidad de autojustificación de su labor, los lleva a una gran contradicción. 

Para no caer en una continua contradicción con nosotros mismos ni con la institución, hemos de encomendarnos a la tarea que nos reta Apple mediante la reflexión y la esperanza de cambio en vistas a la utopía. 

Debemos comenzar por dejar de buscar culpables y comenzar buscando soluciones visionando la situación en la que partimos y a cual queremos llegar. Acabando con el Yo colectivo que ataca a lo diferente culpabilizándole de su falta de adaptación, dejando a un lado la pedagogía tradicional y las líneas marcadas por el currículum editorial, embarcándonos junto al pensamiento de que “esto puede ser de otro modo”. Dejando a un lado la excusa de que la Educación y la Sociedad son asimétricas y dejándonos arrastrar al otro bando; es decir el que busca la repercusión de la escuela en la sociedad, y no al revés. Solo de esta forma podremos establecer vías hacia la igualdad y la convivencia.

ANA DE LAS HERAS

¿EVALUACIÓN SIMPLEMENTE, O EVALUACIÓN PROCESUAL?

En el campo educativo, se utiliza el término de evaluación para referirse a una acción que aprecia el aprendizaje de los alumnos y cualquier manifestación o condición educativa. Además de utilizarse como una comprobación respecto a la descripción actual (en la que se tiene en cuenta el contexto, la metodología, los objetivos, etc.) y una constataciones de la utilidad o inutilidad de los procesos que intervienen para obtener unos resultados.

Es decir, para comprobar la utilidad de los procesos que vamos llevando a cabo deberemos utilizar una evaluación continua, o como se dice en la metáfora de la navegación:” El proceso de evaluación es como navegar. Antes de zarpar preparas el barco (evaluación inicial), luego partes y durante la travesía en mar abierto, debes estar atento a las tormentas o dificultades (evaluación formativa) para poder llegar al puerto de destino (evaluación final).” Y es que son tres fases indispensables para comprobar que los alumnos están construyendo los conocimientos adecuadamente, ya que partimos de una evaluación donde se tienen en cuenta los conocimientos previos del alumno, seguimos con una evaluación más continua, donde veremos el progreso, como avanzan, si se necesita redirigir el aprendizaje,…, es decir, estaremos abiertos a los cambios, y nos servirá para ir reconduciendo el proceso de enseñanza- aprendizaje, creo que esta es obligatoria, pues nos ayuda a ser flexibles y a adaptarnos a los inconvenientes que puedan surgir a lo largo de nuestro camino. Y por último, nos encontramos con la evaluación final, que si se ha realizado bien la anterior, pienso que será una forma de terminar todo el ciclo, abriendo de nuevo problemas que hay que estudiar, de los que se deben partir para volver a formular unos objetivos y dar comienzo a todo el proceso.

 De esta forma nos moveremos en espirales, ya que una evaluación final estará dada de la mano de una evaluación inicial.  Por ello, estoy en contra con una parte de la metáfora de la cámara de fotos: “Una evaluación que no evalúe el proceso, sería como tomar una sola fotografía, se pierde información, como la que se obtiene del contexto. Una evaluación procesual se correspondería mejor con una filmación en video, que recoge todo el proceso, de principio a fin”. Pues no hay un principio y un fin claramente establecidos, sino que todo es un continuo, y creo que hablar de inicial o final, o de la separación de las partes es romper el hilo conductor que las une. Por tanto yo diría que tal vez solo exista una evaluación del proceso y que esta a su vez se encarga de valorar distintas etapas (inicial, procesual y final), tal vez, piense el lector, que entonces con lo que acabo de exponer, qué diferencia existe entre lo que se expone desde la teoría y mi pensamiento, pues bien, lo que se expone desde las metáforas que leemos es que la evaluación consta de tres etapas, de las cuales cada una recibe un nombre, pero una de ellas es la evaluación del proceso, que para mí, englobaría tanto la inicial como la final, no sería la que va en el medio porque le toca, si no que abarcaría todo el conjunto en si mismo. Por ello me parece que el término evaluación debería contemplar la palabra “procesual”, para evitar pequeñas dudas o errores, porque me parece que evolución por si sola, muchos la confunden con final de un proceso, y no se dan cuenta que en la construcción del aprendizaje se establecen varios procesos, y hay que evaluarlos progresivamente. 

Para que esta evaluación tenga valor, y nos sea útil, debe estar orientada a valorar ciertos aspectos de nuestra práctica, como los materiales que hemos utilizado, los recursos, si la metodología ha sido la adecuada, cómo ha sido la metodología, si se han cumplido los objetivos que nos proponíamos, en definitiva pienso que la evaluación  es valorar todo lo que  habíamos programado en un principio, y hago referencia a la metáfora del mapa del tesoro que dice: El proceso de evaluación es como encontrar un tesoro. Debe planificarse, se debe secuenciar y estructurar en cuanto a objetivos, temporalización, instrumentos y métodos, en cuanto a qué, cómo y cuándo evaluar, pues teniendo un mapa, conseguiremos llegar con éxito hasta el tesoro, conseguiremos realizar una evaluación de calidad.” Creo que tener claro todo esto desde un principio nos va a  ayudar a realizar una buena evaluación, a tener todo a punto, a saber que debemos estudiar, o comprobar. 

Y como no, en esta evaluación, se deben recoger muchas fuentes de información, no nos sirve sólo un foco o una perspectiva, si no que debemos incluir múltiples puntos de vista, incluir a otros profesionales, a nuestros propios alumnos, a las familias, creo que todos los componentes son importantes para ayudarnos a avanzar. 

Como dijo Bloom en 1975: “la evaluación es un método para adquirir y procesar la evidencia necesaria para mejorar el aprendizaje del estudiante y de la enseñanza” por lo que se abarca una gran variedad que van más allá del habitual examen, y que permite aclarar metas y objetivos de la educación, controlar la calidad de la enseñanza y establecer criterios de eficacia de procedimientos alternativos.  

LARA ALCÁNTARA

REFLEXIÓN TEMA 7: LA EVALUACIÓN

La evaluación es una acción que aprecia el aprendizaje de los alumnos. Cuando un alumno tiene dificultades de aprendizaje y no alcanza los objetivos instruccionales, hay que proporcionarle una serie de estrategias para que consiga alcanzarlos.

 

En la evaluación no sólo se interpretan unos datos sino que se tiene que abarcar una toma  de decisiones a partir de estos datos y hacerse preguntas como ¿a qué objetivos no ha llegado el alumno? ¿qué puedo hacer como docente para que mejore?

 

La fases del proceso de evaluación serían ver el problema, recoger información sobre aspectos que intervienen en le problema y por último hacer una intervención que sería dar una solución y además hacer un seguimiento para ver cómo evoluciona y poder contrastar los resultados con la evaluación inicial.

 

La evaluación se puede ver como algo formativo (obtener datos para la posterior formación)  y sumativa (los datos en sí mismos).

Para  mi es muy importante ver la evaluación como algo formativo ya que de esta forma te ayuda a mejorar.

 

La evaluación es un proceso, un todo lo que hay que evaluar y no sólo una nota final, a esto es alo que se refiere la metáfora del material para reflexionar cuando dice que si sólo se hace una foto (nota final) se pierde mucha información, mientras que si se hiciera una filmación de vídeo, se recogería desde el principio hasta el fin (proceso).

 

La evaluación no es sólo referida al alumno, sino que va más allá, recursos, programas,  eficacia docente, centros… y sobre todo es muy importante la autoevaluación, valorarse así mismo, ver si lo que una está haciendo está bien o mal y bajo mi punto de vista, tanto si al autoevaluación es positiva o negativa SIEMPRE SE PUEDE MEJORAR.

 

Cuando una persona nos hace una crítica o nos evalúa es algo complementario a la a utoevaluación, ya que muchas veces otros nos pueden ayudar a ver cosas que a nosotros se nos escapan  y esta opinión nos puede enriquecer y  ayudar para mejorar.

CRISTINA MAROTO.